domingo, 4 de marzo de 2012

En un pequeño rincón de Nervión

       

Aquí os dejo el artículo que he escrito en el boletín de Cuaresma 2012, HERMANOS, sobre la Parroquia de la Concepción Inmaculada.  Aunque algunos ya lo habéis leído, os lo copio aquí en el Blog.


Estimados hermanos, me presento ante vosotros en un año para nuestra Hermandad, lleno de estrenos e inquietudes. En un momento en el que debemos ser conscientes de lo que ello significa: esfuerzo, perseverancia y sobre todo, ilusión.

Es más, poseemos algo muy especial, digno de describir y sobre todo, contemplar. Un lugar de visita obligatoria no sólo cada Miércoles Santo, cimientos de nuestra hermandad, lugar de culto y reflexión. La Parroquia de la Concepción Inmaculada.

                                                        

Debido a la expansión de la ciudad que se dio hacia la zona de la Cruz del Campo, se consideró de especial relevancia, la creación de una Iglesia que solventara las peticiones religiosas de los feligreses que ocupasen dicho ensanche de la ciudad. Bajo la influencia de los estilos que, como la Plaza de España de Aníbal González, viviesen los sevillanos de principio de siglo, el arquitecto D. Antonio Arévalo Martínez proyectó lo que sería la primera iglesia con advocación a la Inmaculada Concepción de la ciudad de Sevilla.

Este hecho provocó que el 9 de Noviembre de 1925, se colocara la primera piedra de la Parroquia de la Concepción Inmaculada bajo el mandato del Cardenal Ilundain, siendo finalizada el 10 de Mayo de 1929. 5 días después, se inauguraría para recibir en ella, el Congreso Mariano Hispano-Americano, actos incluidos dentro de la Exposición Ibero-Americana de 1929 que por aquel entonces sucedía en la ciudad. Para ello, párrocos venidos de América darían misa en la nueva Iglesia del ensanche de la ciudad, el barrio de Nervión.

Nuestra Parroquia está constituida por 3 cuerpos diferenciados construidos en distintos años que han ido resolviendo según las necesidades, que por aquel entonces, debía solventarse en el edificio. Se trata de la nave principal, lugar de culto junto con el campanario, la sacristía y los despachos parroquiales. El conjunto ocupa  unas dimensiones de 23,60 m de ancho medidos en la fachada de la calle Cristo de la Sed y una longitud de 46,20 m, en la Avda. Cruz del Campo.

Pero, si observamos con detenimiento nuestra Parroquia, podremos ver elementos que pasan desapercibidos ante nuestros ojos debido a su inaccesibilidad o simplemente, porque no nos fijamos.


En su interior, si miramos hacia arriba y más allá de la bóveda de cañón que se eleva sobre nosotros, se encuentra la cubierta de la Parroquia. Un aro de luz que se divisa al ascender por la pequeña escalera escondida en el campanario mientras nos acompaña un tic tac proveniente del reloj traído del Ayuntamiento. Será una nueva perspectiva del barrio la que divisemos en el final del trayecto, una altura considerable que fue un objetivo buscado para que la Parroquia fuera divisada desde los diferentes puntos del barrio.

En ella, flamígeros que se elevan hacia el cielo en forma de llama, coronarán la cubierta haciéndola más alta si cabe, asemejándose a los que se encuentran en la Capilla del Sagrario de nuestra ciudad.

Sin poder intuirlo siquiera, una pequeña ventana del centro de la cubierta, nos daría paso a un espacio oscuro y difícil de acceder tan peculiar y tan importante en diversos momentos del año. El lugar desde donde el equipo de priostía hace posible que se eleve nuestro titular para colocarse en su paso cada cuaresma. Una estructura metálica que soporta la bóveda de cañón de la nave principal y que si miras desde la nave verás unas pequeñas perforaciones como si de “mirillas” se tratasen.

           
Ya en el exterior y ante la mirada de todo aquel que se sitúe bajo sus pies en la fachada, se encuentra la Inmaculada Concepción, réplica de la original de Alonso Cano y que, con tanto mimo se venera en el interior. Azucenas que la guardan, ángeles que la custodian en un friso singular, pájaros que se elevan, cornisas que la bordean… elementos que forman las fachadas de ladrillo visto labradas minuciosamente con detalles difíciles de ver desde la calle.


Dimensiones y elementos que hacen posible que ante la luz de la mañana, un espacio de silencio y reflexión se abra ante nosotros para contemplar su interior. Sentimientos y emociones que asociamos a ese pequeño rincón, escalón o banco que hacemos nuestro cada Miércoles Santo a la espera de finalizar la ansiada estación de penitencia y entrada de nuestros titulares. Momento de recogimiento y descanso. Lugar de oración.

Por eso hermano, te invito a que la contemples, la valores y busques en cada rincón todas aquellas cosas que no te habías fijado antes.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La tranquilidad ante la luz del universo


La noche estrellada es una obra maestra del pintor neo-impresionista, Vincent van Gogh. Este cuadro muestra la vista exterior desde la ventana del sanatorio de
Saint-Rémy-de-Provence, lugar donde, el pintor terminó sus días.

Lo traigo aquí, no sólo porque me fascine como cuadro, sino porque dentro de esa tranquilidad que guarda ese pequeño pueblo, un gran universo se mueve sobre él. 

Es luz.

Aquí os dejo esta gran obra.




domingo, 20 de noviembre de 2011

La Catedral desde las alturas



Lo que la Catedral esconde... o escondía....

Lo que durante siglos ha sido un privilegio para pocos, hoy, a día 20 de noviembre de 2011, hemos aprendido de los símbolos, de la luz, de escaleras en caracol, del arte, de la piedra, de nuestra historia, de la Catedral de Sevilla desde las alturas.



A través de una escalera de caracol situada junto a la Puerta de San Miguel, comenzaba nuestra visita.

50 escalones hasta llegar a un primer balcón desde donde escuchamos con detenimiento las primeras palabras del guía. Nos contaron desde una Catedral que fuera Mezquita hasta la disposición del altar, el gótico como comienzo y su arte de labrar ante los ojos de Dios y el renacimiento como humanismo.
                   

A continuación, lo que desde la calle no somos capaces de ver, vimos el rosetón que se encuentra bajo los pies de la Catedral para posteriormente pasar a recorrer todos los balcones del interior. Desde ellos pudimos ver cómo los ángeles están tallados al detalle hacia la nave y sin tallar hacia los balcones. 


Como paso intermedio en ese recorrido por los balcones, salimos hacia la zona de arbotantes y flamígeros. Con cuidado de no resbalarnos.


Entrada para poleas e iluminación del interior.


Entre lo robusto y el detalle.


Fecha labrada en la piedra para identificar una labor que realizaría alguien sobre ella.


El altar mayor y su estructura trasera

Aunque visites un lugar, siempre se aprenden cosas nuevas cada vez que se va. No me imaginaba lo que la Catedral escondía en sus alturas. Una experiencia que se debe vivir.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Silencio en el levante

El Vaporcito de El Puerto se hunde tras chocar contra el cantil del muelle

Una vía de agua causada por una colisión ha provocado el rápido hundimiento del 'Adriano III'. Estaba declarado Bien de Interés Cultural por la Junta desde 1999." 




 
















Diario de Cádiz 31 de Agosto de 2011.
  

La voz digital 31 de Agosto de 2011.

Permítanme que les escriba unas líneas porque bien se las merece el acontecimiento que hemos vivido no sólo los portuenses, sino todo aquel que alguna vez viajó desde el Puerto a Cádiz.

Supongo que, porque al enterarme no fui la única que derramó una lagrima, porque con él, se fue no sólo la imagen del Puerto, sino nuestros recuerdos:

Piii, Piii... (pero en sonido grave)

¡¡ Mamá, mamáaa, ya sale!!
No hija, aún le queda un cuarto de hora para salir...

Piii, piii, piii....Ahora, ¡si!

Tardes y tardes de levante que atravesaba mi ventana y traía consigo los sones de este emblemático símbolo portuense, llamadas a los portuenses de su salida, viajes a Cádiz ante viento y marea, sea poniente o levante, daba igual, el siempre hacía su pasaje.

No importa que visitase el mayor crucero del Mediterráneo nuestras tierras gaditanas, siempre tenía su lugar entre ellos. Tan pequeño y tan grande a la vez.

Era crujir de las maderas al navegar, olor a mar,  las historias de mi abuelo, brisa marinera y nuestros recuerdos: de nuestros abuelos, nuestros padres, de nosotros, al timón o de pasajeros, por trabajo o por disfrute, para turistas, para nosotros...

Para la historia, nuestro Vaporcito del Puerto.